Cómo manejar las pataletas de tu hijo: guía práctica para padres
Las pataletas son una de las situaciones más desafiantes que enfrentan los padres de niños pequeños. Aunque pueden resultar agotadoras y frustrantes, son parte normal del desarrollo infantil y una forma en que tu hijo expresa emociones que aún no sabe controlar. Comprender qué las provoca y cómo responder puede transformar estos episodios en oportunidades de aprendizaje.
El manejo de pataletas efectivo no se trata de evitarlas por completo, sino de responder de manera consistente y respetuosa. Cada crisis emocional es una oportunidad para que tu hijo aprenda a regular sus emociones y para que fortalezcas tu vínculo con él. Con estrategias claras y paciencia, estas situaciones pueden volverse menos frecuentes e intensas.
En este artículo encontrarás información práctica sobre por qué ocurren las pataletas, cómo prevenirlas y qué hacer durante y después de cada episodio. El objetivo es ayudarte a manejar estos momentos con calma y darle a tu hijo las herramientas que necesita para crecer emocionalmente.
Las pataletas son normales entre los 2 y 4 años y forman parte del desarrollo emocional infantil. Para manejarlas efectivamente: mantén la calma, no cedas a demandas, valida las emociones de tu hijo y ayúdalo a nombrar lo que siente. Las pataletas disminuyen naturalmente entre los 4 y 5 años con acompañamiento respetuoso y consistente.
¿Por qué los niños tienen pataletas?
Las pataletas son la forma que tienen los niños pequeños de expresar frustración, cansancio, hambre o necesidad de atención cuando aún no cuentan con el lenguaje o las habilidades para comunicarse de otra manera.
Entre los 2 y 4 años es frecuente, normal y esperable que los niños reaccionen con rabietas o pataletas frente a situaciones que les provocan rabia o frustración. Los niños no generan pataletas con intenciones de dañar o molestar a los adultos, sino que son parte de su proceso de desarrollo y adaptación. Esta etapa es muy importante para el desarrollo de los niños, a través de la cual van aprendiendo a identificar estas emociones y conocer las mejores maneras para expresarlas.
El cerebro de tu hijo atraviesa un desarrollo acelerado durante estos años. La corteza prefrontal, responsable del autocontrol y la regulación emocional, aún está inmadura. Esto significa que tu hijo puede sentir emociones intensas sin tener la capacidad de gestionarlas adecuadamente. Cuando se siente desbordado, la pataleta es su respuesta natural.
Las causas más comunes incluyen la búsqueda de independencia, límites que le resultan frustrantes, cansancio físico o hambre. También pueden aparecer cuando tu hijo no logra expresar lo que necesita o quiere. Las pataletas pueden gatillarse por diferentes razones: frustración cuando algo no les resulta, sentirse no escuchados o incomprendidos, o expresión de algún malestar.
Es importante reconocer que no todas las pataletas son iguales. Algunas buscan obtener algo específico, mientras otras son producto de una verdadera sobrecarga emocional que tu hijo no puede manejar. Identificar el origen te ayudará a responder de forma más efectiva y empática.

¿Cómo prevenir las pataletas antes de que ocurran?
Aunque no es posible evitar todas las pataletas, puedes reducir su frecuencia anticipándote a las situaciones que las desencadenan y creando rutinas predecibles para tu hijo.
Mantener horarios consistentes de comida, sueño y juego ayuda a que tu hijo se sienta seguro y tranquilo. Los niños pequeños funcionan mejor con rutinas estructuradas, ya que saben qué esperar y esto reduce su ansiedad. Evita salidas largas cerca de la hora de siesta o cuando tu hijo tiene hambre.
Ofrecer opciones limitadas le da a tu hijo sensación de control sin comprometer tu autoridad. Por ejemplo, en lugar de preguntar "¿qué quieres de desayuno?", pregunta "¿prefieres pan o cereal?". Esto le permite participar en decisiones simples y satisface su necesidad creciente de autonomía.
Anticípate a transiciones difíciles avisándole con tiempo. Si están en el parque y es momento de irse, avisa cinco minutos antes: "en un ratito nos vamos a casa". Esto le da tiempo para prepararse mentalmente y aceptar el cambio. El sentido común, el juego y el humor son fundamentales para facilitar que un niño colabore con las órdenes o reglas que queremos que cumpla.
¿Qué hacer durante una pataleta?
Durante una pataleta, tu prioridad es mantener la calma, garantizar la seguridad de tu hijo y permitir que la emoción pase sin reforzar la conducta.
Lo primero es respirar profundo y recordar que esta reacción no es personal. Tu hijo no está tratando de molestarte; simplemente no puede manejar lo que siente. Mantener tu propia calma es esencial porque los niños regulan sus emociones observando a los adultos. Si tú te alteras, la situación escalará. Los adultos son modelos para sus niños y niñas, por lo tanto, si la forma que tienen de comunicarse con ellos es inadecuada, eso estarán enseñando.
No cedas a la demanda que provocó la pataleta. Si tu hijo quería un dulce y le dijiste que no, mantén esa respuesta. Manejar respetuosamente una pataleta no significa entregarle todo lo que pide o dejarle hacer lo que quiera. Ceder enseña que las pataletas funcionan para conseguir lo que quiere, lo que aumentará su frecuencia. La consistencia es clave para que tu hijo entienda los límites.
Asegúrate de que esté en un lugar seguro. Si está en riesgo de golpearse o lastimarse, muévelo suavemente a un espacio más protegido. Algunos niños necesitan espacio físico durante la crisis, mientras otros se calman con un abrazo. Observa qué funciona mejor con tu hijo y respeta su forma de procesar la emoción.
Evita explicaciones largas y complicadas en medio de una rabieta, no es buen momento. Tu hijo no está en condiciones de razonar en ese momento. Tampoco ignores completamente la situación si tu hijo está muy alterado; estar presente sin intervenir excesivamente es el equilibrio ideal. Puedes decir con voz tranquila: "estoy aquí cuando te sientas mejor".

¿Cómo ayudar a tu hijo después de una pataleta?
Una vez que la pataleta termina, es el momento más importante para enseñar regulación emocional y reforzar el vínculo con tu hijo.
Cuando veas que se está calmando, ofrece conexión física si la acepta: un abrazo, tomar su mano o simplemente sentarte cerca. Esto le muestra que tu amor es incondicional, incluso cuando su conducta no fue la mejor. El contacto físico también activa sistemas de calma en su cerebro.
Valida sus emociones sin validar la conducta. Puedes decir: "sé que estabas muy enojado porque querías seguir jugando, pero no está bien gritar o tirar cosas". Esto le enseña que sus sentimientos son legítimos, pero que existen formas aceptables de expresarlos. La validación emocional es fundamental para el desarrollo de la inteligencia emocional.
Una vez que esté receptivo, ayúdalo a nombrar lo que sintió. Intenta entender cuál fue el gatillante de la rabieta y ponle nombre a lo que crees que le está pasando. "Estabas frustrado" o "te sentiste triste" le da vocabulario para futuras situaciones. Con niños mayores de 2 años y medio, puedes hablar brevemente sobre alternativas: "la próxima vez, puedes decir 'estoy enojado' en lugar de gritar".
No castigues después de una pataleta por regulación emocional. El niño ya pasó por un momento difícil. Si hubo una consecuencia natural, eso es suficiente. Una vez que la situación vuelva a la calma, busca un momento tranquilo para hablar de lo que ocurrió y explorar juntos otras maneras en que pueda reaccionar la próxima vez.
¿Cuándo preocuparse por las pataletas?
Aunque las pataletas son normales en el desarrollo, hay señales que indican cuándo es momento de consultar con un especialista.
Si las pataletas continúan con la misma frecuencia e intensidad después de los 4 años, es recomendable evaluación profesional. A esta edad, tu hijo debería haber desarrollado mejores habilidades de autocontrol y comunicación. La persistencia puede indicar dificultades en la regulación emocional que requieren apoyo.
Observa si tu hijo se lastima intencionalmente durante las crisis, rompe objetos de forma deliberada o agrede a otros de manera frecuente. También es preocupante si las pataletas duran más de 15 minutos regularmente, ocurren varias veces al día o interfieren significativamente con actividades cotidianas como comer, dormir o socializar.
Debes consultar si notas retrocesos en el desarrollo, si tu hijo parece inconsolable incluso después de la pataleta, o si tú como padre te sientes constantemente desbordado y sin herramientas para manejar la situación. Un pediatra o psicólogo infantil puede descartar otros problemas y orientarte con estrategias específicas.
Herramientas para fortalecer la regulación emocional
Más allá de manejar cada pataleta individual, puedes trabajar diariamente en fortalecer las habilidades emocionales de tu hijo.
Los cuentos sobre emociones son excelentes para que tu hijo identifique y nombre sentimientos. Lean juntos historias donde los personajes experimenten frustración, enojo o tristeza, y hablen sobre cómo se sienten y qué hacen. Este aprendizaje indirecto es menos amenazante y más efectivo que las lecciones directas.
Modela la regulación emocional en tu propia vida. Cuando te sientas frustrado, verbalízalo: "estoy un poco cansado ahora, voy a respirar profundo". Tu hijo aprende más de lo que haces que de lo que dices. Ver cómo manejas tus propias emociones le da un modelo concreto a seguir.
Establece un "rincón de la calma" en casa con objetos reconfortantes: cojines suaves, libros favoritos, peluches. No lo uses como castigo, sino como un espacio seguro al que tu hijo puede ir voluntariamente cuando se siente abrumado. Enséñale técnicas simples como respirar hondo, apretar y soltar los puños, o contar hasta cinco.
Reconoce y refuerza cuando tu hijo maneje bien una frustración. "Me gustó cómo pediste ayuda en lugar de enojarte" le muestra que notas su progreso. El refuerzo positivo es más poderoso que la corrección constante y construye su autoestima emocional.

Criar con paciencia y perspectiva
El manejo de pataletas es una habilidad que se desarrolla con el tiempo, tanto para ti como para tu hijo. No existe una fórmula mágica que funcione en todos los casos, porque cada niño tiene su propio temperamento y ritmo de desarrollo.
Recuerda que las pataletas no durarán para siempre. Son una fase intensa pero temporal del crecimiento. Tu respuesta consistente, calmada y amorosa durante estos momentos difíciles sienta las bases para que tu hijo aprenda a manejar sus emociones de forma saludable en el futuro.
Dale tiempo a tu hijo y date tiempo a ti mismo. Habrá días mejores y días más complicados. Lo importante es mantener límites claros con amor, validar las emociones sin reforzar conductas inadecuadas, y recordar que estás ayudando a tu hijo a construir habilidades que usará toda su vida. Cada pataleta manejada con paciencia es una inversión en su desarrollo emocional. Ten paciencia, las pataletas poco a poco irán disminuyendo su intensidad y frecuencia hasta casi desaparecer entre los 4 y 5 años.
Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta con un especialista. Ante cualquier duda sobre el desarrollo o conducta de tu hijo, consulta con su pediatra.
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Preguntas frecuentes
Sí, a esta edad las pataletas diarias son completamente normales. Tu hijo está experimentando una explosión de autonomía pero carece del lenguaje y autocontrol para manejar frustraciones. La consistencia en tus respuestas ayudará a que disminuyan con el tiempo.
El tiempo fuera no es efectivo durante una pataleta porque tu hijo no está en condiciones de reflexionar. Evita el uso del "tiempo fuera", dejarlo sólo "hasta que se le pase" o mandarlo a su pieza "a pensar". Estas estrategias no ayudan a que aprenda a manejar sus emociones, aumentan la rabia y pena, y le enseñan que en los momentos difíciles no puede contar contigo.
Los principios son los mismos: mantén la calma, no cedas a demandas por vergüenza, y prioriza la seguridad. Si es necesario, lleva a tu hijo a un lugar más tranquilo. Recuerda que otros padres probablemente han pasado por lo mismo y entienden tu situación.
Aunque es aterrador, contener la respiración generalmente no es peligroso. El reflejo natural del cuerpo hará que tu hijo respire. Mantén la calma, asegúrate de que esté en un lugar seguro, y consulta con tu pediatra si esto ocurre frecuentemente para descartar otras causas.
Depende del contexto. Si los ofreces para detener la pataleta, refuerzas que la conducta funciona. Si eran parte de la rutina, puedes ofrecerlos una vez que tu hijo se haya calmado. La clave es no usarlos como recompensa por terminar la crisis.
Baby Rosen
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