Entre el primer año y los dos años, los juegos más efectivos no son los más elaborados, son los que se adaptan al ritmo del niño, usan materiales cotidianos y cuentan con un adulto presente. La motricidad, el lenguaje y el vínculo afectivo se desarrollan en simultáneo a través del juego libre y compartido. No se necesitan juguetes costosos ni rutinas rígidas para acompañar bien esta etapa.
Los juegos para niños de 1 a 2 años son mucho más que entretención. Son la forma principal en que tu hijo aprende a moverse, a hablar, a relacionarse y a entender el mundo.
Si estás buscando ideas concretas y respaldadas para acompañar el desarrollo de tu hijo en esta etapa, aquí encontrarás qué actividades son adecuadas según el momento evolutivo, cómo estimular cada área del desarrollo y cuáles son las ideas para jugar con niños de 1 a 2 años y qué impacto tienen con los recursos más simples.
Un niño de esta edad necesita principalmente tres cosas; un espacio seguro, objetos para explorar y un adulto disponible.
Chile Crece Contigo lo plantea con claridad, no es necesario hacer cosas complicadas ni usar juguetes caros o especiales. Lo que realmente estimula el desarrollo es que el niño tenga experiencias que le permitan explorar el mundo a su propio ritmo. Hablarle mientras juega, cantarle, llevarlo de paseo y ponerle música son todas formas válidas de estimulación.
Entre los 12 y los 24 meses el cerebro infantil atraviesa un período de crecimiento acelerado. Cada vez que tu hijo toca, empuja, escucha o imita, genera conexiones que sientan las bases del aprendizaje futuro. Lo importante no es la cantidad de actividades, sino que haya variedad, seguridad y presencia de alguien que lo acompañe con atención.
El Programa Crecer Jugando, iniciativa chilena de apoyo a la parentalidad, destaca que el adulto debe jugar de forma sensible, siguiendo los intereses del niño y aprendiendo a observarlo. El juego no es una tarea que dirigir, es una experiencia que compartir.
Los mejores juegos son los que se ajustan al momento del desarrollo. No todos los niños de 12 meses están en el mismo punto que los de 20 meses, y esa diferencia importa a la hora de elegir actividades.
¿Qué actividades funcionan bien entre los 12 y los 15 meses?
En esta etapa el niño está consolidando la marcha y descubriendo que puede actuar sobre los objetos. Las mejores actividades son las que combinan movimiento y exploración sensorial. Empujar un carrito, meter objetos dentro de una caja y sacarlos, golpear superficies con las manos o una cuchara y hacer rodar una pelota trabajan la coordinación, el equilibrio y la causa-efecto al mismo tiempo.
Según Fundación Integra, lo ideal es motivar al niño a resolver problemas simples con el cuerpo, como alcanzar objetos fuera de su alcance, apretar botones de juguetes sonoros o introducir objetos de distintos tamaños por los orificios de una caja. Estas actividades parecen básicas, pero construyen habilidades motrices y cognitivas que el niño necesitará en todas las etapas que vienen.
¿Y entre los 15 y los 24 meses?
A medida que el niño se acerca a los dos años, la imitación se vuelve su herramienta principal de aprendizaje. Le fascinará "barrer" con una escobilla pequeña, "cocinar" con utensilios de juguete o "hablar" por un teléfono de plástico. Según Chile Crece Contigo, una vez que el niño empieza a usar palabras aparecen también sus primeros intentos de juego simbólico o imaginario, donde simula situaciones de la vida real.
En esta sub-etapa también cobra relevancia el juego con bloques o piezas apilables, los rompecabezas simples de dos o tres piezas grandes y los libros de cartón con imágenes. La atención se vuelve más sostenida y el niño puede concentrarse en una actividad por períodos algo más largos, aunque sigue siendo breve en comparación con etapas posteriores.
Las ideas para jugar con niños de 1 a 2 años más efectivas son las que usan materiales cotidianos y se adaptan al interés del momento.
Para estimular el movimiento y la coordinación
Puedes armar un circuito de cojines en el suelo para gatear, escalar y rodar, lanzar pelotas blandas a un recipiente grande puesto en el suelo, bailar tomados de las manos siguiendo el ritmo de música variada, o caminar descalzo sobre distintas texturas como pasto, arena, alfombra o piso frío.
Para trabajar la motricidad fina y la concentración
Una buena opción es una caja de zapatos con orificios para introducir objetos de distintas formas, apilar tapas de botellas o recipientes plásticos de distintos tamaños, garabatear libremente con lápices gruesos sobre papel puesto en el suelo, o amasar masa casera de harina y agua con o sin témpera para darle color.
Para estimular el lenguaje y la comunicación
Prueba con la bolsa sorpresa de cinco objetos cotidianos que se sacan uno a uno y se nombran, leer cuentos con imágenes grandes señalando y preguntando dónde está cada cosa, cantar canciones con gestos que el niño pueda imitar como palmas o movimientos de brazos, o conversar en voz alta mientras realizas las tareas del día describiendo lo que haces.
Para el juego simbólico
Funciona muy bien el juego de disfrazarse con sombreros, pañuelos y ropa vieja de adulto, usar utensilios de cocina inofensivos para simular preparar comida, o muñecos y peluches para alimentar, acostar o pasear en un carrito.
Según Fundación Integra, el juego de clasificar objetos por color, tamaño o forma usando una caja y materiales reciclados es especialmente valioso a esta edad. Esta actividad trabaja la observación, la lógica y la atención en simultáneo.
El juego y el lenguaje se desarrollan de la mano entre el año y los dos años. Cada actividad compartida con un adulto es también una oportunidad para que tu hijo escuche, comprenda y empiece a comunicarse.
Según Chile Crece Contigo, lo más recomendable es hablarle constantemente al niño sobre lo que estás haciendo, sobre lo que él está haciendo y sobre los objetos que lo rodean. No se trata de enseñarle, se trata de sumergirlo en el lenguaje de forma natural y sin presión. Si dice mal una palabra, no la corrijas directamente, repítela bien en la frase siguiente y sigue la conversación.
La lectura compartida es una de las actividades de mayor impacto para esta etapa. No es necesario leer el texto de corrido, la idea es señalar imágenes, hacer preguntas, esperar respuestas y seguir el hilo de lo que al niño le llama la atención. El lenguaje receptivo, lo que entiende, se desarrolla antes que el expresivo, y la lectura compartida alimenta ambos al mismo tiempo.
Cantar canciones sencillas con repetición también tiene un efecto directo en el desarrollo lingüístico. El ritmo y la melodía ayudan al niño a internalizar patrones del idioma. Las canciones con gestos combinan movimiento y lenguaje en una experiencia de aprendizaje especialmente rica para esta etapa.
No hay un número exacto de minutos ideal. Lo que importa es que el juego sea parte natural de la rutina diaria y que el adulto esté genuinamente presente durante esos momentos.
Un niño de esta edad tiene una atención naturalmente breve y cambiante. Cuando pierde el interés en una actividad, es la señal de que es momento de cambiar o de parar. Forzar la continuidad no suma nada y puede generar frustración en ambas partes. El Programa Crecer Jugando señala que el rol del cuidador es acompañar desde la observación, ayudar al niño a reconocer y regular sus emociones y apoyar la resolución de problemas cuando lo requiera, sin tomar el protagonismo.
Una estrategia simple y efectiva es incorporar el juego en las rutinas cotidianas. El momento del cambio de ropa, el baño o la hora de comer pueden convertirse en instancias de exploración y lenguaje si hay canciones, conversación y atención real. No hace falta reservar un horario especial, el juego puede ocurrir en cualquier momento del día.
Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta con un especialista. Cada guagua tiene su propio ritmo de desarrollo. Ante cualquier duda, consulta con tu médico o pediatra.
Antipe Vásquez, S., Saravia Valenzuela, R., Silva Soto, C., Gutiérrez Saldivia, X., & Fuentes-Vilugrón, G. (2025). El juego como motor del desarrollo social y cognitivo en niños y niñas en la primera infancia. Retos, 72, 359–374. https://doi.org/10.47197/retos.v72.115009
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